Raúl y su caja mágica by Álvaro Casalino Hildebrandt

Raúl y su caja mágica by Álvaro Casalino Hildebrandt

autor:Álvaro Casalino Hildebrandt [Hildebrandt, Álvaro Casalino]
La lengua: spa
Format: epub
publicado: 2018-01-15T05:00:00+00:00


Mientras seguía quejándose, el gigante señaló con uno de sus grandes dedos adentro de su boca.

Me acerqué lentamente y miré que uno de sus colmillos estaba muy deteriorado

— ¿Qué le pasa? —preguntó Pocho, quien vino corriendo parándose a mi lado.

Miguel, temblando de miedo también se acercó hasta donde yo estaba. Entonces dijo:

—Es…es una caries enorme….mi papá es dentista y me contó sobre ellas…son muy dolorosas…

— ¿Tú sabes de esto? —Le preguntó Juan—. ¡Ayúdanos entonces!

—La verdad es que no sé mucho… pero supongo que habrá que extraer el diente malo.

— ¿Extraerlo? –exclamó Juan aterrado.

Mientras pensaba en cómo se podría sacar un diente tan grande, Miguel le decía al gigante lo mismo que su papá solía decirles a sus pacientes:

—Seguro que su Majestad no se cepilla los dientes después de comer…

— ¿Qué es eso de 'cepillarse'? —preguntó el gigante con enfado, pero al poco rato dio otro terrible grito de dolor:

— ¡Aaay!… ¡Ayúdenme, por favor!… ¡Ya no puedo soportarlo!

A Miguel se le ocurrió finalmente la idea de sacarle el colmillo malogrado jalándolo con una cuerda.

—Yo mismo me saqué un diente de un jalón el año pasado cuando empezó a aflojarse…— nos contó, con tono orgulloso

Sin pensarlo más tiempo, atamos una cuerda alrededor del enorme colmillo del gigante y luego unimos todas nuestras fuerzas para jalar la soga y sacar el diente malo. Sin embargo, nuestros esfuerzos no lograron ni siquiera aflojarlo.

— ¡Uf! ¡Esto es demasiado difícil! —Exclamó Juan—. Necesitaremos más ayuda si queremos sacar ese diente de su lugar…

Hay que pedirles ayuda al soldado viejo y a su familia –dije yo y fui a llamarlos.

Sin embargo, ni siquiera con la ayuda de ellos pudimos sacar el diente careado, por lo que Miguel exclamó:

— ¡Esta es una operación muy complicada…! Hace falta el apoyo de alguien muy fuerte.

—Después del gigante, en el reino no hay nadie más fuerte que Dogo, el perro que vieron al entrar al castillo.

Y así fue que amarramos a Dogo al final de la cuerda que estaba atada al colmillo del gigante.

Entonces Edmundo, el hijo del soldado viejo lanzó una rama y le dijo al perrazo:

— ¡Ve por ella Dogo!

El animal tiró con tanta fuerza de la cuerda que el colmillo salió disparado de su boca.

Por fin, el gigante quedó aliviado de su dolor, y no paraba de darnos las gracias.

Entonces nos dimos cuenta de que ya era la hora de volver a casa, porque ya era casi la hora del almuerzo.

— ¡Adiós amigos! —Se despidió de nosotros el soldado viejo—. ¡Ojalá vengan a visitarnos de nuevo!

Luego de despedirnos de él, mis amigos y yo nos metimos a la caja, la cual nos llevó de regreso a mi habitación. Entonces me di cuenta de que Miguel parecía estar a punto de decirme algo:

—Raúl…yo… —balbuceó

— ¿Qué pasa, Miguel? —le pregunté

—Yo estaba equivocado. Tú ganaste la carrera limpiamente. Perdóname por haberme enojado…además…Es muy divertido jugar con tu caja y tus amigos.

— ¡Raúl, Miguel! Bajen ya, que ya está listo el almuerzo… —nos llamó entonces mi mamá.

Miguel y yo fuimos hasta el comedor, en donde nuestro almuerzo estaba servido.



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